El antiguo Egipto era un pueblo de naturaleza profundamente espiritual. Para ellos no existía una separación entre religión, magia y vida cotidiana. Vivían en continuo contacto y convivencia con sus dioses.
Para el antiguo Egipto, lo que hoy conocemos como vida no era más que una preparación para la vida postmortem, para poder residir en la llamada orilla de occidente del Nilo o en el reino de Osiris, lo que hoy entenderíamos como el lugar donde residen los muertos. Pero para comprender este proceso, debemos conocer primero cómo entendían ellos al ser humano.
Los egipcios concebían a las personas como una unión de nueve cuerpos o principios distintos, cada uno con una función bien definida que daba sentido y forma a la existencia.
Todo comenzaba incluso antes de nacer. El dios del Sol Ra añadía una chispa solar en ese ser naciente. Esa chispa solar sería el centro del corazón espiritual de la persona, lo que llamaban IB. Aunque tenía cierta relación con el corazón físico, no debemos confundirlos, pues son de naturaleza distinta y poseen funciones diferentes.
IB
El IB estaba guardado en una jarrita que contenía ese rayo de luz que emanaba de Atum, el disco solar. A medida que la persona iba creciendo, también debía crecer esta luz, que se iba expandiendo y generando una sustancia lumínica.
Volveremos a este IB más adelante, cuando hablemos del peso del corazón en el tribunal de Osiris, pues es este IB el que será pesado en la balanza de Maat, la diosa de la justicia y de la armonía cósmica.
Este IB tampoco debe confundirse con el alma de la persona tal y como hoy la comprendemos. Esa función correspondía al BA.

BA
El BA es lo más parecido al concepto de alma que poseemos en la actualidad, pues se correspondería con el concepto de alma aristotélico.
Al nacer, el BA procuraba que el individuo llegara a la existencia con un cuerpo físico y lo hiciera con conciencia de sí mismo e individualidad. Esa conciencia que posee el ser humano de su propia existencia, ese “yo soy”, era el BA.
El BA no solo cumplía esta función en vida, sino que además tenía un papel fundamental en los procesos postmortem. Cuando acontecía la muerte del cuerpo físico, esta conciencia de sí misma debía transformarse en una conciencia espiritual y abandonar el cuerpo.
El BA, al salir del cuerpo físico, era representado como un ave con el rostro del difunto. Su función era recorrer la Duat (el inframundo) hasta llegar al tribunal de Osiris portando el IB, el corazón espiritual, para que este pudiera ser pesado.

KA
Otro de los elementos que componían al ser humano era el KA. Podemos imaginarlo como el molde o imagen previa a partir de la cual se construía el cuerpo físico. Vendría a ser la estructura que aporta los materiales espirituales y energéticos necesarios para la encarnación.
Para la mentalidad de el antiguo Egipto, todo ser viviente poseía su propio KA. Este era el depósito del SEKHEM, del que hablaremos a continuación. El KA se nutría de la misma forma que lo hacía el cuerpo físico. Este era el motivo por el cual encontramos viandas en las tumbas, pues tras la muerte del cuerpo físico el KA seguía vivo y debía ayudar al BA, con el que más tarde se fundiría.
El KA representaba también la fuerza activa que utilizaban los magos, pues era a través del KA que se recibían las energías espirituales. Se solía representar con los brazos levantados en posición receptiva.

Una vida alejada del equilibrio y de la verdad de Maat, causando dolor y sufrimiento a los demás o haciendo un mal uso de las palabras, podía “ofender” al KA y debilitarlo. Incluso podría llegar el momento en que este se separase del cuerpo.
SEKHEM
El SEKHEM era la fuerza vital de origen espiritual que en vida se manifestaba como vigor físico.
Si la persona vivía fuera de Maat, esta energía iba disminuyendo. Pero si, por el contrario, vivía en armonía con Maat, esta energía crecía. Esto era muy importante, porque esta energía no era tan útil durante la vida como lo sería después de la muerte.
Quien durante su vida hacía crecer esta energía espiritual podía después utilizarla como combustible y protección para el viaje que debía realizar el BA portando el IB a través del inframundo.

REM
Otro elemento importante del ser humano era REM, que hacía referencia al nombre dado por el dios Thot para venir a la existencia. Este nombre era como un código personal, identificativo y único para cada ser humano.
La muerte del individuo se producía cuando la persona era llamada por Thot a través de su REM.
El REM era muy importante en la visión de el antiguo Egipto, pues constituía la base de la magia egipcia o Heka. Representaba el poder mágico universal, una fuerza fundamental del universo que permitía que los dioses crearan y mantuvieran el cosmos. Era, en esencia, la palabra creadora.

KHAT
Este cuerpo es el más conocido por nosotros. Es el cuerpo físico y posee la densidad necesaria para albergar y mantener unidos a los demás. Se concebía como una especie de nudo que ataba al resto de los cuerpos para mantenerlos unidos. Era conocido como el “nudo de Isis” y representaba la vida física.
Para los egipcios, disponer de un cuerpo físico era considerado una bendición y, por lo tanto, era concebido como un templo dotado de sacralidad.

El KAT es la parte femenina del KA.
KHAIBIT
El KAIBIT representaba la sombra, pero no necesariamente con connotaciones negativas.
Tenía un papel protector y simbolizaba la presencia espiritual, incluso cuando el cuerpo no estaba presente. La sombra indicaba que la esencia seguía existiendo. A menudo se asociaba con el concepto de compañero o hermano.

AKH
El AK era un cuerpo de naturaleza espiritual y doble. Una de sus partes nunca encarnaba y ejercía como fuerza de atracción de la luz encarnada.
La otra parte nacía cuando el BA y el IB se unían, dando lugar a la verdadera naturaleza espiritual del individuo.
SA HU
Por último encontramos el SA HU, que era el fruto de la transfiguración del AK al nacer por segunda vez en la Luz, en la que habitará para siempre y que veremos más adelante.
