El tribunal de Osiris era el momento clave para la vida del Ser en el antiguo Egipto. Toda la vida física era una preparación para poder superar este juicio ante el dios Osiris.
Actualmente, estamos viviendo una época muy materializada, donde se concibe al ser humano como una suerte biológica, que por una serie de “casualidades” vino a la existencia. Esta visión excluye al ser humano de toda trascendentalidad y le quita todo sentido de vida, reduciéndolo a un “algo” que no tiene relación con el conjunto del Uni-Verso.
Las antiguas civilizaciones no tenían esta visión. El ser humano mantenía una relación con el Todo. En el Tíbet se hablaba de la “Gran Herejía de la Separatividad”, que consistía en entender al ser humano como separado de lo Uno, debido a la fragmentación de la conciencia.
La Segunda Muerte
En las filosofías más antiguas de las que tenemos registros, entre ellas la del antiguo Egipto, se hablaba de la segunda muerte. Primero acontecía la muerte del cuerpo físico; después, el alma pasaba por ciertas pruebas y, en caso de superarlas, su camino continuaba en el más allá. Si no se superaban estas pruebas, acontecía la llamada segunda muerte: el Yo era destruido y reabsorbido por lo manifestado, volviendo al linaje sanguíneo familiar. Este era el motivo por el cual el linaje sanguíneo de los faraones, reyes y familias nobles era tan importante.
La Duat
Volviendo al tema que nos ocupa, y continuando la primera entrada de nuestro blog, cuando la persona sufría la primera muerte, debía transitar la Duat, el inframundo o el reino de Osiris.

La Duat era un lugar peligroso, lleno de castigos para las personas que habían sido injustas en vida. Abundaban las trampas donde el alma podía perderse y existían puertas custodiadas por seres que no dejaban pasar a quienes no poseían el conocimiento necesario.
En las antiguas tumbas encontramos abundantes palabras de poder y hechizos que ayudaban al alma a superar estas pruebas y llegar al tribunal de Osiris.

Si el alma del difunto superaba el tránsito por la Duat, llegaba finalmente al Tribunal de Osiris. Guiado por Anubis, en la Sala de las Dos Verdades, se presentaba ante los 42 Jueces Divinos para demostrar su pureza.
La Confesión negativa
El alma del difunto debía declarar su inocencia a través de la llamada Confesión Negativa, donde debía responder “no” a todas estas preguntas:
- No he cometido injusticia contra los hombres.
- No he oprimido a mis parientes.
- No he hecho el mal en lugar de la justicia.
- No he tratado con mal a nadie.
- No he cometido crímenes.
- No he hecho trabajar a nadie más de lo debido.
- No he sido negligente.
- No he hecho sufrir.
- No he matado.
- No he ordenado matar.
- No he causado dolor a nadie.
- No he reducido las ofrendas en los templos.
- No he robado a los dioses.
- No he mentido.
- No he robado comida.
- No he sido avaricioso.
- No he robado.
- No he matado ganado sagrado.
- No he engañado en las medidas.
- No he quitado leche de la boca de los niños.
- No he apartado al ganado de sus pastos.
- No he atrapado aves de los dioses.
- No he pescado en aguas sagradas.
- No he obstruido el agua.
- No he desviado canales.
- No he apagado el fuego cuando debía arder.
- No he violado las normas de los sacrificios.
- No he actuado con fraude.
- No he espiado.
- No he calumniado.
- No me he enfadado sin motivo.
- No he sido sordo a la verdad.
- No he sido insolente.
- No he provocado conflictos.
- No he juzgado con precipitación.
- No he sido impaciente.
- No he causado terror.
- No he transgredido la ley.
- No he sido arrogante.
- No he blasfemado contra los dioses.
- No he sido violento.
- No he perturbado la paz.
- No he actuado con falsedad.
Hecha la confesión, el difunto podía ser declarado “justo de voz”, es decir, que su voz provenía del corazón y no del vientre, pues el corazón inocente no mentía. Esto demostraba que su palabra estaba en Maat.
El Tribunal de Osiris
Si su voz había sido justa, avanzaba hasta el pesado del corazón; en caso contrario, debía regresar a la Duat para extinguirse lentamente.
Solo después de superar esta última prueba se procedía al pesado del corazón. Este estaba representado por una pequeña jarrita que contenía el Ib, el corazón espiritual del difunto. El corazón se colocaba en un platillo de la balanza y, en el otro, la Pluma de Maat.

- Si el corazón era más pesado que la pluma, sería devorado por Ammit, un monstruo con partes de cocodrilo, león e hipopótamo, momento en el que acontecía la llamada Segunda Muerte.
- Si el corazón pesaba igual que la pluma y la balanza permanecía equilibrada, el alma era llevada por Horus ante Osiris.

Entonces ocurría un momento crucial, pues se podía acceder a la unión sagrada, la hierogamia entre el Ba, ya considerado puro y el Ib. Esta unión producía un cuerpo de naturaleza exclusivamente espiritual llamado Ak. Este cuerpo es conocido también como Cuerpo de Luz o Cuerpo de Resurrección. Es el cuerpo de quien a vencido la segunda muerte.

Con su Cuerpo de Luz, el alma podía nacer en la Luz y convertirse en un Sahu, es decir, una estrella que habitaría en el firmamento junto a los dioses, manteniendo su individualidad y conciencia de sí misma.
La transfiguración completa del Ak en Sahu creaba un nuevo ser que ya no conocía la muerte.
